Un incendio forestal se mide habitualmente en hectáreas, pero para quien ve arder su vivienda, su explotación agrícola o su negocio, la superficie afectada deja de ser la principal referencia. El problema pasa a medirse en daños, pérdidas y bienes que recuperar. España acumula ya 295.580 hectáreas forestales afectadas por incendios en lo que va de año, según los últimos datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), y los grandes fuegos de este verano han demostrado hasta qué punto las llamas pueden alcanzar zonas habitadas. En ese momento, el incendio deja de ser solamente una emergencia forestal y se convierte también en un siniestro asegurador.
Las imágenes de este verano dejan pocas dudas sobre la magnitud de los incendios. Hasta el 17 de agosto, los incendios han afectado a 254.730 hectáreas, frente a las 295.580 hectáreas estimadas en el mismo periodo del año pasado, lo que supone casi 41.000 hectáreas menos (un 13,8% menos). Los datos son provisionales y proceden del avance facilitado por las comunidades autónomas, complementado con información del sistema europeo EFFIS para el periodo más reciente.
“Este año 2026 hemos tenido una temporada de incendios con un arranque muy temprano. Julio fue terrible y en las últimas semanas hemos sufrido incendios con una extensión nunca vista en nuestra historia reciente, como el de Burgohondo en Ávila o el de Niebla en Huelva”, ha señalado la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.
La cifra de superficie afectada adquiere especial relevancia por la intensidad de la campaña. Hasta el 17 de agosto se han contabilizado 6.685 siniestros, de los que 2.303 han sido incendios de más de una hectárea. Además, se han registrado 42 grandes incendios forestales, aquellos cuya superficie forestal afectada supera las 500 hectáreas. En el mismo periodo de 2025 se habían registrado 55 grandes incendios forestales, según los datos del MITECO. En total, los grandes incendios forestales registrados en 2026 acumulan 223.872,57 hectáreas de superficie forestal afectada.
En este contexto, un análisis realizado por Newtral a partir del cruce de la información de incendios de Copernicus EFFIS con los datos de la Dirección General del Catastro ha identificado en 2026 más de 5.000 viviendas afectadas, además de unos 3.000 edificios de otros usos, entre ellos agrícolas, industriales, comerciales, oficinas y servicios públicos. Madrid y Ávila aparecen como las provincias con mayor número de viviendas y edificios afectados en este análisis.
Hasta el 17 de agosto, los incendios han afectado a 254.730 hectáreas
La precisión metodológica es importante: que un inmueble figure como afectado no significa necesariamente que haya quedado destruido. El análisis considera afectados los edificios cuyo perímetro completo se encuentra dentro de la superficie delimitada como quemada por Copernicus. Por tanto, entre esos miles de inmuebles puede haber desde construcciones totalmente calcinadas hasta otras que hayan sufrido daños de distinta consideración. Y precisamente ahí comienza el trabajo de la pericia.
Una vivienda no es solamente cuatro paredes
Cuando el fuego alcanza una vivienda, el daño puede resultar evidente: estructura, cubierta, cerramientos, instalaciones o elementos interiores pueden haber quedado destruidos. Pero, incluso cuando las llamas no han entrado en el inmueble, el siniestro puede ser más complejo de lo que parece.
El calor, el humo, las cenizas o el agua empleada durante la extinción pueden ocasionar daños que no siempre son visibles a primera vista. A ello se añaden los bienes contenidos en la vivienda, las instalaciones exteriores, cerramientos, jardines, piscinas, dependencias auxiliares o vehículos que pudieran encontrarse en la propiedad.
Por eso, después de un incendio, decir simplemente que “la casa se ha quemado” no basta. Es necesario establecer qué bienes han resultado dañados, cuál es la naturaleza y alcance de esos daños y qué actuaciones son necesarias para recuperar o sustituir aquello que resulte reparable o destruido. Esa es una de las razones por las que la intervención del Perito de Seguros adquiere especial relevancia en este tipo de siniestros.
Cuando lo que arde es una nave o un negocio
La complejidad aumenta cuando el fuego alcanza una instalación industrial, comercial o agrícola. En una nave pueden coexistir continente, maquinaria, instalaciones, mercancías, herramientas, equipos informáticos, vehículos y otros bienes vinculados a la actividad. Un mismo incendio puede generar, por tanto, daños de naturaleza muy diferente y que requieren criterios de valoración distintos.
Además, el perjuicio económico no tiene por qué limitarse al daño material. La paralización de la actividad puede convertirse en otra de las consecuencias relevantes del siniestro, dependiendo de las coberturas contratadas.
El trabajo pericial debe permitir separar y valorar adecuadamente cada una de estas partidas y determinar qué daños están relacionados directamente con el incendio y cuáles responden a otras circunstancias.
La función del Perito de Seguros consiste en aportar conocimiento técnico para identificar, analizar y valorar las consecuencias del siniestro, dentro del marco establecido por la póliza
El campo plantea otro escenario
También las explotaciones agrícolas y ganaderas pueden quedar en el camino de un incendio forestal. En estos casos, no solo pueden verse afectadas edificaciones. El fuego puede alcanzar cultivos, instalaciones de riego, maquinaria, almacenes, cercados, explotaciones ganaderas o diferentes elementos necesarios para desarrollar la actividad.
Cuando se trata de una explotación agrícola existen, además, particularidades en la gestión del siniestro: junto a la comunicación a la aseguradora, deben realizarse las actuaciones correspondientes ante la autoridad competente y tramitar la declaración del siniestro ante Agroseguro, cuando corresponda.
Es un buen ejemplo de por qué no todos los incendios se gestionan de la misma manera. El origen puede ser el mismo -un incendio forestal-, pero las consecuencias aseguradoras son muy diferentes según lo que haya alcanzado el fuego.

Un incendio, varios tipos de daño
Hay otra particularidad que hace especialmente relevante la labor pericial: el daño no siempre coincide con aquello que se ve a simple vista. Una estructura puede presentar daños que requieran una evaluación técnica antes de determinar si resulta reparable. Una instalación eléctrica puede haber sufrido las consecuencias del calor o del agua utilizada en la extinción. Una maquinaria puede parecer exteriormente intacta y, sin embargo, necesitar comprobaciones antes de volver a ponerse en funcionamiento.
Y en una vivienda o negocio afectado por humo, la valoración tampoco se limita necesariamente a lo que haya quedado ennegrecido por las llamas. La función del Perito de Seguros consiste, precisamente, en aportar conocimiento técnico para identificar, analizar y valorar las consecuencias del siniestro, dentro del marco establecido por la póliza.
El seguro cobra protagonismo cuando desaparece el fuego
La magnitud de los incendios de este verano permite entender una cuestión fundamental: un gran incendio forestal no genera un único tipo de daño. Puede afectar al medio natural y, al mismo tiempo, a viviendas, edificios agrícolas, explotaciones, industrias, vehículos o infraestructuras. Puede provocar daños directos por las llamas y otros derivados de las actuaciones necesarias para combatirlas. Y cada uno de esos escenarios puede tener unas consecuencias aseguradoras diferentes.
De ahí la importancia de que el asegurado conozca qué debe hacer cuando se produce un incendio y de que la valoración posterior se realice con criterios técnicos.
Para ello, APCAS cuenta con su Guía básica para la gestión de dañosocasionados por incendio, para ayudar a comprender ese proceso: desde los primeros pasos tras el siniestro hasta los aspectos que deben tenerse en cuenta en la gestión y valoración de los daños.
Porque cuando el fuego se apaga, para el afectado empieza otra etapa. Y contar con información adecuada puede ser tan importante como saber dónde llamar.


