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El peritaje no es un servicio intercambiable

Tribuna
27 de agosto de 2026 por
El peritaje no es un servicio intercambiable
Redacción

Jose Llorente Ramos, Perito de Seguros, asociado de APCAS y director general de Grupo GET Insurance Solutions

Una de las cuestiones que más fricción genera en la gestión de siniestros es la relación entre la aseguradora y el perito. Sobre el papel, el funcionamiento parece sencillo: recibe el encargo, inspecciona el riesgo, analiza el siniestro, emite su informe y factura sus honorarios. Y en muchas estructuras se gestiona de forma similar a cualquier otro proveedor: tarifas, plazos y KPIs de cumplimiento.

El problema es que el peritaje no es un servicio intercambiable.

El informe pericial constituye una de las principales bases técnicas sobre las que se decide la cobertura, la valoración de los daños y, en numerosos casos, si el expediente se resuelve de manera satisfactoria o termina convertido en una reclamación o un procedimiento judicial. Tratar el peritaje como una commodity relega el criterio técnico al último lugar de la cadena de decisión, precisamente cuando debería ocupar una posición central.

“Tratar el peritaje como una commodity relega el criterio técnico al último lugar de la cadena de decisión, precisamente cuando debería ocupar una posición central”

Lo observo desde una perspectiva particular: dirijo una organización que recibe encargos periciales, tramita expedientes para compañías aseguradoras y gestiona tanto equipos propios como redes de profesionales colaboradores. Estoy a los dos lados del encargo. Y desde ambos lados la conclusión es la misma: hay expedientes en los que una revisión técnica o una contrapericia bien fundamentada ahorra a la aseguradora más que toda la facturación anual del perito que intervino inicialmente. Y hay profesionales cuyos informes, por su claridad y solidez, evitan que los expedientes reaparezcan meses después convertidos en reclamaciones.

Una relación pericial eficaz se apoya, al menos, en tres elementos.

El primero, información suficiente desde el momento del encargo: antecedentes, póliza, documentación disponible, objeto concreto de la intervención y, aunque parezca un detalle menor, un teléfono de contacto que exista y corresponda realmente a la persona que debe atender al perito. Nadie puede analizar correctamente aquello que desconoce.

El segundo, condiciones económicas coherentes. Muchas compañías han avanzado de forma considerable en los plazos de pago durante los últimos años. El debate hoy está más en si la tarifa es coherente con la complejidad, el alcance y el tiempo que exige el trabajo. No puede solicitarse un análisis exhaustivo, con valoraciones plenamente trazables, estudio contractual y conclusiones preparadas para resistir una defensa judicial, cuando el encargo y los honorarios están configurados para una actuación básica y estandarizada. La calidad necesita recursos, tiempo y una definición clara del servicio esperado.

El tercero, la independencia y la objetividad técnica del perito. Su función no es confirmar una posición previamente adoptada, sino analizar los hechos, interpretar técnicamente sus causas y consecuencias y emitir una conclusión fundamentada, aunque no siempre sea el resultado que alguna de las partes esperaba.

“Una relación pericial eficaz se apoya, al menos, en tres elementos: información suficiente desde el momento del encargo, condiciones económicas coherentes y la independencia y la objetividad técnica del perito”

Esta exigencia funciona en las dos direcciones. Si la profesión pericial reclama que el criterio técnico ocupe un lugar central en el expediente, ese criterio debe poder defenderse: informes fundamentados, valoraciones comprensibles y trazables, documentación suficiente y conclusiones capaces de superar una revisión técnica, una reclamación o, llegado el caso, su defensa ante un tribunal. El rigor, eso sí, no puede depender del esfuerzo extraordinario del profesional: debe ser consecuencia de un modelo correctamente diseñado, donde exigencia y honorarios guarden proporción.

Cuando una aseguradora integra al perito como parte real del proceso, la información mejora, las decisiones se fundamentan mejor y disminuyen las revisiones, las contrapericias y las reclamaciones posteriores. Cuando lo considera un proveedor fácilmente sustituible y selecciona únicamente por tarifa o velocidad, aparece el efecto contrario: informes más débiles, mayor rotación profesional, decisiones menos informadas y costes diferidos que terminan materializándose en reaperturas, reclamaciones o judicializaciones.

“En un momento en el que la automatización y la inteligencia artificial absorberán una parte creciente de las tareas transaccionales de la gestión de siniestros, el valor diferencial del perito estará precisamente en lo que no puede automatizarse por completo”

No es una cuestión de sensibilidad hacia el colectivo pericial. Es una cuestión de eficiencia operativa y de cuenta de resultados.

En un momento en el que la automatización y la inteligencia artificial absorberán una parte creciente de las tareas transaccionales de la gestión de siniestros, el valor diferencial del perito estará precisamente en lo que no puede automatizarse por completo: la interpretación del contexto, la valoración de indicios, la experiencia y el criterio técnico independiente. Las compañías que comprendan esta evolución construirán redes periciales más estables, especializadas y eficientes. Y los peritos capaces de demostrar el valor económico de su criterio dejarán de competir exclusivamente por tarifa para competir por conocimiento, fiabilidad y capacidad de resolución.