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Prevenir litigios empieza con una buena pericia

Encuentro de Francisco de la Puente, presidente de APCAS, con Joaquín Ruiz Echauri, socio de Seguros y Reaseguros de Pérez-Llorca
En esta primera parte del encuentro con Francisco​ de la Puente, Joaquín Ruiz Echauri, socio responsable del área de Seguros y Reaseguros de Pérez-Llorca, analiza el papel del Perito de Seguros dentro del ecosistema asegurador y su relación con abogados y tramitadores de siniestros. Durante la conversación con el presidente de APCAS, defiende la alta cualificación técnica de los peritos españoles, subraya el valor del artículo 38 de la Ley de Contrato de Seguro como mecanismo de resolución de controversias y reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial en la pericia y en la práctica jurídica. Su mensaje es claro: la tecnología puede ayudar, pero el criterio técnico independiente sigue siendo insustituible.


Para Joaquín Ruiz Echauri, el Perito de Seguros ocupa una posición estratégica en la resolución del siniestro: aporta el conocimiento técnico que necesitan tanto el tramitador como el abogado para tomar decisiones sólidas. Lejos de concebir la pericia como un mero trámite documental, la define como un elemento clave para evitar litigios innecesarios. En su opinión, el perito independiente actúa como “compañero de viaje” en los siniestros complejos y, en muchos casos, como el auténtico filtro que impide que las discrepancias técnicas terminen judicializándose. Por ello, reivindica el prestigio de la profesión y el elevado nivel medio de la pericia española, especialmente en riesgos industriales y en la investigación de causas y daños.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- ¿Qué tipo de trabajo jurídico desarrolla un despacho como Pérez-Llorca para las aseguradoras, más allá de la gestión del siniestro?

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- La dinámica del siniestro es importante, porque es ahí, y en esto coincidimos peritos y abogados, donde el sector le aporta valor real al asegurado. Una póliza vale tanto como la respuesta que somos capaces de dar al cliente final. Y es cierto que esa es la parte más noble del trabajo, el día a día de la mayoría de quienes nos dedicamos a esto. Pero las aseguradoras, no lo olvidemos, son también grandes empresas. De hecho, la propia legislación las ha empujado a crecer, a dotarse de más áreas de negocio y de más estructura.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Sí, por razones de seguridad y como garantía de que puedan cumplir sus obligaciones frente al asegurado.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Son entidades que forman parte del sistema financiero junto con la banca y las sociedades de gestión de valores, y que canalizan el ahorro. Y estas grandes compañías tienen necesidades jurídicas prácticamente ilimitadas. A veces surgen porque se producen movimientos en el mercado, mayor concentración o la entrada de nuevos operadores, algo que vemos con frecuencia en riesgos industriales, donde llegan nuevos jugadores que aportan más capacidad. Ahí nacen necesidades jurídicas concretas.

Otras veces son compañías que aterrizan en el sector, o que ya operan en él, pero deben afrontar cambios regulatorios de todo tipo. Ahora mismo pienso, por ejemplo, en la Ley de Atención a la Clientela, que genera de inmediato la necesidad de un análisis jurídico específico. Y en ese análisis, las compañías suelen requerir la asistencia de especialistas externos, entre ellos los abogados.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI: 
“Una póliza vale tanto como la respuesta que somos capaces de dar al cliente final”


FRANCISCO DE LA PUENTE.-
¿Y cómo se reparte esa carga de trabajo? Porque, en apariencia, las compañías cuentan con su propia infraestructura jurídica fija y permanente, y vosotros actuaríais como un apoyo puntual. Pero, en la práctica, esa infraestructura interna no basta para cubrir todas sus necesidades.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Exacto, nunca al cien por cien. Haría falta una radiografía real, en España, de la asesoría jurídica y del cumplimiento normativo en el sector asegurador. Y creo que esa radiografía revelaría que contamos con servicios jurídicos internos muy robustos.

Yo empecé mi carrera, además de como abogado, en la asesoría jurídica de una compañía aseguradora, y siempre lo digo porque fue mi mejor escuela. En los cuatro años que estuve allí aprendí de verdad lo que era este sector. Cuando ahora trato con compañeros de asesorías jurídicas o de áreas de cumplimiento normativo, mi primera reacción suele ser de admiración por todo lo que saben. Aprendo mucho trabajando con ellos.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Entonces sí existe una infraestructura fija, permanente, competente y bien preparada.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Algunas compañías cuentan con una infraestructura más grande y otras más pequeña pero, en general, son perfectamente capaces de resolver la mayoría de las cuestiones del día a día. Para los asuntos que exigen un especialista, recurren a despachos externos.

Apoyo al negocio interna​cional

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Y, por el componente internacional del negocio, también necesitan recurrir a gabinetes externos para cuestiones puntuales.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Por supuesto. Basta con pensar en la península ibérica: muchas compañías cubren a la vez España y Portugal, y no pocas, con sede en Madrid, operan en varios mercados a la vez, Italia, España, países de Latinoamérica…

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Lo que ocurre es que la regulación del seguro no está realmente armonizada a escala europea. Existe una normativa marco, pero muy poco desarrollada, y cada país la aplica de forma distinta: en Alemania funciona de una manera, en Italia de otra. Por eso, la aseguradora suele estructurar su asesoría jurídica en torno a la península ibérica, pero cuando surge un conflicto con un elemento extranjero, ya sea por la movilidad de las personas o por regímenes de responsabilidad civil distintos, una empresa española que opera fuera y de la que tú eres el asegurador, es ahí donde entran en juego los despachos de mayor tamaño, que ya cuentan con estructura internacional y a los que se recurre para ese apoyo.


JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.-
Aquí ocurre algo que suele pasar inadvertido. Cuando desde la Unión Europea nos venden la idea de que esto es una unión plena, conviene matizarlo. Siempre pongo el ejemplo de la telefonía: ¿cuánto tiempo tardaron en eliminar los costes del roaming, siendo todos europeos? En materia de seguros ocurre algo parecido.

Lo que sí es común es la regulación sobre cómo deben organizarse internamente las aseguradoras. Pero el producto que venden, el contrato de seguro alemán, francés o español, difiere sustancialmente entre sí.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Y lo mismo sucede con la resolución del siniestro: a nivel pericial hay diferencias notables de actuación. Desde APCAS, a través de la FUEDI, impartimos cursos precisamente para transmitir que, en cuanto se sale de España, cambia por completo la forma de trabajar y de gestionar los siniestros.

FRANCISCO DE LA PUENTE: 
“La presión excesiva sobre el perito termina perjudicando a quien lo contrata, porque recibe una información incompleta”


JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.-
Un ejemplo es que no existe el baremo tal y como lo tenemos aquí. Y son literalmente miles las diferencias. Por cierto, siempre me ha gustado matizar la terminología cuando hablamos de peritos, ajustadores, comisarios de averías… Para mí, ‘perito’ es una palabra que dignifica, porque describe a alguien que posee una habilidad técnica.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- La propia palabra ya indica que debes ser un experto en la materia.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Exactamente, un experto. Es el mejor aliado, el compañero de viaje del tramitador de siniestros y del abogado. Pero, claro, el funcionamiento varía: la figura del perito en Francia, en Alemania, en Rumanía o en España responde a objetivos distintos. Y si saltamos a Latinoamérica, ya es otro mundo por completo; en muchos casos, quien realmente controla el siniestro es el perito, y no la compañía ni el abogado.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Como los ajustadores, que distribuyen entre las partes lo que a cada una le corresponde. Esa función, en cierto modo, también la desempeña el perito.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Depende del país. En Francia, por ejemplo, se desarrolla ante los tribunales una suerte de pericia técnica en la que los verdaderos protagonistas son los peritos.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- En el caso concreto de Francia, hay una fuerte tendencia a homogeneizar criterios, algo lógico en un país históricamente centralista. Se analizan sistemáticamente las peritaciones, las valoraciones y las tendencias jurídicas para evitar que las opiniones se dispersen. En España, en cambio, el resultado depende mucho de dónde y a quién te toque; existe mayor libertad de interpretación.


JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.-
Decía un político republicano que España solo se solucionaría despoblándola y trayendo gente nueva; puede que algo de razón tuviera respecto a nuestra idiosincrasia, y desde luego Francia es bien distinta en ese sentido. Pero lo cierto es que la figura del perito tiene un encaje muy especial, y a mi juicio muy afortunado, en nuestra Ley de Contrato de Seguro, a través de su célebre artículo 38. Es una figura indispensable, que realmente permite que el sistema funcione. Ojalá vaya ganando protagonismo con el tiempo.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- A veces observo, como perito, que el abogado prefiere no depender en exceso de esa opinión, porque el artículo 38 vincula de algún modo. Si las partes llegan a un acuerdo por esa vía, el margen de actuación del abogado se reduce.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Eso suele ser un problema que perciben algunos asegurados. El artículo 38 es un mecanismo que se activa, o que debe funcionar, únicamente cuando no existe discusión sobre la cobertura. Es decir, no puedo forzar a la compañía a asumir un siniestro que ha sido rechazado. Los tribunales han señalado en ocasiones que no se trata de un arbitraje propiamente dicho, sino de un sistema de diálogo con un tercero, lo que conocemos como tercería. En el ámbito de los grandes riesgos, es habitual que las pólizas que cubren riesgos industriales reproduzcan casi literalmente lo dispuesto en el artículo 38.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Incluso, en esas pólizas, el perito del artículo 38 viene garantizado por el propio contrato: es la póliza la que lo sufraga, sin que el asegurado tenga que buscarlo ni abonarlo.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- En relación con esto, estamos impulsando una iniciativa todavía incipiente desde la Corte Internacional de Arbitraje de Madrid, en colaboración con SEAIDA, para promover el arbitraje en el ámbito asegurador. Presido, de hecho, un subgrupo de trabajo enfocado en trabajo pericial, cuyo objetivo es difundir la idea de que, en grandes riesgos, el sistema del artículo 38 pueda articularse a través de la Corte de Arbitraje, en lugar de depender, en caso de tercería, de un tribunal de primera instancia.

Otra de nuestras intenciones, que espero que fructifique, es que la Corte Internacional de Arbitraje de Madrid atraiga también el arbitraje procedente de Latinoamérica. Nuestro mensaje a esos países hermanos es que, ante una disputa técnica, la propia Corte puede designar un perito tercero. Me alegra que lo comentemos, porque es un proyecto en el que estoy implicado y al que me gustaría dar mayor visibilidad.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI: 
“Para mí, perito es una palabra que dignifica, porque describe a alguien que posee una habilidad técnica”


FRANCISCO DE LA PUENTE.-
Nosotros también lo hemos tratado con SEAIDA. El arbitraje es, en el fondo, una cuestión jurídica, pero requiere un soporte técnico que permita ejecutarlo correctamente. Sostengo que deberíamos contar con peritos formados específicamente en arbitraje, que entiendan su funcionamiento y su papel, del mismo modo que ocurre con la mediación. En España, por razones que no están del todo claras, ni la mediación ni el arbitraje se potencian lo suficiente; en otros países, en cambio, forma parte de la cultura jurídica intentar primero un acuerdo y acudir al procedimiento judicial solo como última opción. Aquí, en cambio, a menudo se parte de la premisa de que el acuerdo no es posible y se va directamente a juicio.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Es verdad que aún nos falta perspectiva estadística: llevamos poco más de un año de vigencia de la Ley de Medidas de Eficiencia Procesal, que introdujo los medios alternativos de resolución de controversias, y coincido contigo en que todavía no he visto ningún caso significativo que se identifique claramente como un asunto de peritos. Probablemente porque, en el sector asegurador, ese papel ya lo cubría el artículo 38.

En cualquier caso, creo que el perito, en el sector asegurador, cumple una función comparable a la de un buen guardameta: detiene muchos pleitos antes de que lleguen a producirse, porque un buen trabajo pericial evita, en la práctica, buena parte de la litigiosidad.

Perito de Seguros: un trabajo independiente y de altura

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Por eso, una de las reivindicaciones constantes de la asociación es que el perito conserve el máximo grado de independencia posible, precisamente porque cumple esa función preventiva. Si al perito solo se le exige que confirme lo que el cliente quiere oír, se corre el riesgo de afrontar con excesiva confianza situaciones que después se pierden. La presión excesiva sobre el perito termina perjudicando a quien lo contrata, porque recibe una información incompleta.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Tengo siempre la impresión de que, en riesgos y siniestros complejos, España cuenta con un nivel muy elevado de peritos, tanto en la investigación de causas como en la determinación de daños. De hecho, los abogados solemos poner a prueba esa labor, porque nos gusta el planteamiento binario, el blanco o el negro, dos bandos enfrentados, mientras que el perito, con frecuencia, se ve obligado a moverse en zonas grises.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Hay zonas claras, zonas oscuras y, en medio, también zonas grises.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Efectivamente, y eso no significa que el trabajo pericial sea deficiente; sencillamente responde a una buena metodología científica. En general, cuando reviso trabajos periciales, sobre todo en riesgos industriales, observo una calidad media muy alta en España, y creo que es algo de lo que debemos sentirnos satisfechos.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- En esa línea, me preocupa la videoperitación y, sobre todo, el papel creciente de la inteligencia artificial: ya hay un número significativo de siniestros que se resuelven aplicando criterios de inteligencia artificial. He leído, además, que el gobierno argentino prepara una normativa que reconocería personalidad jurídica a la inteligencia artificial, dotándola de capacidad jurídica propia.

El problema de la inteligencia artificial, tal y como está hoy planteada, no en ese escenario futuro que sin duda llegará, es que el abogado se pregunta: ¿quién defiende el algoritmo? Si un análisis basado en inteligencia artificial arroja un resultado y el cliente se opone, ¿a quién llevo a juicio? Al final, sigue siendo necesario un perito que pueda comparecer y sostener el dictamen. La falta de presencia pericial física dificulta, en la práctica, la defensa.


JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.-
Sí, absolutamente. Sin calificarme de tradicional, aunque empiezo a considerarme algo anticuado, sigo tratando de situar correctamente a la inteligencia artificial. Ha habido, recientemente, una encíclica muy interesante del Su Santidad que insiste en algo esencial: la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta al servicio del ser humano. Aquí conviven varios debates. Primero, nadie va a detener este proceso, eso está fuera de duda. Segundo, tenemos un problema añadido: quienes lideran su desarrollo no somos, en general, los europeos. Y, tercero, todos nos hacemos la misma pregunta: ¿quién es responsable? ¿El creador del sistema, quien lo ha perfeccionado, o el usuario que lo emplea?

FRANCISCO DE LA PUENTE.- ¿Y qué tipo de prueba constituye, en última instancia, un dictamen generado por inteligencia artificial? Un perito puede explicar por qué opina lo que opina, argumentar su dictamen y someterse a que la parte contraria lo cuestione. Pero un informe elaborado con inteligencia artificial, ¿quién lo discute? ¿El propio abogado?

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Hoy por hoy, sería extremadamente arriesgado comparecer ante un tribunal español y presentar un informe pericial generado con una herramienta de inteligencia artificial.

Si acudimos a la Ley de Enjuiciamiento Civil, que, al igual que la Ley de Enjuiciamiento Criminal, presupone siempre una persona física detrás del informe, el problema es evidente. Y, por mucho que se pretenda, la inteligencia artificial general todavía no refina bien ese tipo de análisis. Siempre hay una prueba sencilla: pregúntale sobre algo que realmente domines, una película, un libro, y comprobarás hasta qué punto pierde pie. Por eso creo que veremos cada vez más informes que, precisamente por su perfección, delaten su origen: cuando un texto no contiene ni una sola falta de ortografía, ese exceso de perfección puede ser indicio de una mano puramente técnica. Es un fenómeno curioso.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Es la diferencia entre lo artesanal y lo industrial. Los zapatos fabricados en serie son todos idénticos, mientras que los artesanales presentan pequeñas diferencias que los identifican.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Y, para muchas cosas, yo personalmente sigo prefiriendo los mercados tradicionales a las grandes superficies.


La opinión de la IA, como contraste a la labor jurídica

FRANCISCO DE LA PUENTE.- También se percibe cierta industrialización en la actividad jurídica: a veces se tiende a homogeneizarlo todo por sencillez o por rapidez.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Efectivamente. Para empezar, siempre existe un componente de conocimiento, de know-how: cuando te enfrentas por primera vez a un problema y luego vuelve a repetirse, vas recorriendo una curva de experiencia.

A partir de ahí, en los despachos de abogados, desde el más grande hasta el más pequeño, el uso de la inteligencia artificial exige un ejercicio de responsabilidad. Al final, uno es prisionero de sus propias palabras, las haya escrito personalmente, las haya redactado un compañero de equipo o las haya sugerido un motor de inteligencia artificial. Por eso, suelo emplearla sobre todo como herramienta de contraste.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Es decir, elaboras primero tu propia idea y después consultas qué opina la inteligencia artificial, a modo de segunda opinión.

FRANCISCO DE LA PUENTE: 
“Un perito puede argumentar su dictamen y someterse a que la parte contraria lo cuestione. Pero un informe elaborado con inteligencia artificial, ¿quién lo discute?”


JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.-
Así es. Hace poco tuve un caso real relacionado con el cómputo del inicio de los intereses del artículo 20 de la Ley del Contrato de Seguro, una cuestión que en principio ya conozco y he abordado muchas veces, pero que, por las circunstancias del asunto, queríamos plantear desde otro ángulo. Terminé pidiéndole a la inteligencia artificial que hiciera una crítica de mi propia fundamentación jurídica, con todas las sentencias que la sustentaban. Lo más interesante fue comprobar que, para obtener un buen resultado, hay que saber formular las preguntas correctas, y eso no es en absoluto sencillo.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Ese es precisamente un defecto de formación bastante extendido: pensar que cualquier modelo sirve para cualquier propósito, cuando en realidad existen inteligencias especializadas, cada vez más numerosas. Y la calidad de la respuesta depende directamente de cómo se formula la pregunta. Muchas veces, una respuesta insuficiente no se debe a una limitación del sistema, sino a que no sabemos construir una secuencia de preguntas y repreguntas que acote correctamente lo que necesitamos.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Es una herramienta, ante todo. El día que de verdad me sorprenda será cuando la vea componer poesía. Me viene a la memoria una película extraordinaria que todo el mundo conoce, ‘Blade Runner’, en la que aparecen androides dotados de inteligencia artificial pero que llegan a ser también seres sintientes.

Que Argentina otorgue personalidad jurídica a la inteligencia artificial es un debate legítimo, pero yo se la reconocería el día en que realmente la vea componer un poema. Por ahora, se limita a replicar, algo parecido a lo que ocurre en esa película, donde los replicantes acaban adquiriendo conciencia humana. Es una herramienta, y resulta muy interesante experimentar con ella.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- El problema de fondo es que la tecnología suele avanzar más rápido que el derecho, que la normativa. En ocasiones, cuando por fin se logra acotar jurídicamente un fenómeno, ya ni siquiera se está utilizando, porque ha surgido algo nuevo que lo ha superado.

Ocurrió algo parecido con la fecundación in vitro y la gestación subrogada: la tecnología avanzó mucho más rápido que la capacidad del legislador para ir ajustando la norma.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Yo recomendaría, sobre todo a nuestros parlamentarios, que utilizasen estas herramientas con más frecuencia. Hay algo que me pone especialmente nervioso: ver enmiendas parlamentarias en materia de seguros redactadas con escaso rigor técnico. Por ejemplo, una anécdota: en el sector asegurador hablamos coloquialmente de “baremo”, pero la legislación lo denomina “sistema para la valoración de daños personales”. Como popularmente lo llamamos baremo, algunos legisladores han llegado a introducir enmiendas para modificar artículos y sustituir el término legal por esa expresión coloquial. La inteligencia artificial les habría advertido, probablemente, de que se trata de un uso vulgar del término y de que no era necesario, ni conveniente, ese cambio.

FRANCISCO DE LA PUENTE.- Y, además, existe ahora una exigencia social de inmediatez: hay que resolver los siniestros con rapidez. Eso complica notablemente el trabajo del perito, te lo aseguro, porque obliga a dedicar menos tiempo a labores que, por su naturaleza, requieren más dedicación, y el tiempo suele ser precisamente lo que permite hacer las cosas bien. Es un mal menor, relacionado con lo que comentabas antes: el mundo avanza en esa dirección y la sociedad prefiere una opinión rápida a una opinión meditada.

JOAQUÍN RUIZ ECHAURI.- Vivimos en un mundo dominado por la inmediatez, donde el debate sosegado se ha sustituido por la frase ingeniosa que hunda al contrario. No podemos cambiar esa realidad, me temo que es una batalla perdida. Lo que sí puede hacer el perito, como cualquier otro profesional, es tratar de administrar en la medida de lo posible los tiempos y los resultados, y saber identificar las señales de alarma.

Acceso a la segunda parte del encuentro de Francisco de la Puente, presidente de APCAS, con Joaquín Ruiz Echauri, socio de Pérez-Llorca

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