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Peritar en el lodo: logística, rigor y compromiso en la zona cero

Dana de Valencia: la espectacular respuesta de la Pericia ante la catástrofe

La dana que golpeó con especial virulencia a la Comunidad Valenciana en 2024 -con epicentro en municipios como Paiporta y Picanya- no solo anegó calles, viviendas y polígonos industriales. También puso a prueba la capacidad técnica, organizativa y humana de los Peritos que intervinieron en la evaluación de los daños. Carreteras cortadas, ausencia de infraestructuras básicas, escasez de alojamiento y jornadas maratonianas marcaron una operativa sin precedentes. En esta primera de las dos entregas de la que consta este reportaje, varios profesionales de la Pericia, todos ellos asociados de APCAS, relatan cómo planificaron su despliegue, afrontaron las dificultades logísticas y mantuvieron el rigor técnico en condiciones extremas, demostrando que esta profesión va mucho más allá del dictamen: implica organización estratégica, adaptación constante y una profunda sensibilidad ante el impacto social del siniestro.


Vehículos siniestrados en la dana de Valencia de 2024. Foto cedida por Esther Puchades.

La primera cuestión que surge ante un acontecimiento como este es saber cómo se plantea un profesional de la Pericia su trabajo desde el punto de vista técnico y de organización. Eduardo Franqueza Montes, perito de IRD, reconoce que «a pesar de haber intervenido en varias ocasiones para siniestros consorciables en Barcelona, Murcia, Toledo o Castellón, el caso de Valencia me caló muy hondo porque el nivel general de destrucción ocasionado no se parecía a nada de lo que había vivido antes».

No obstante, reconoce que esa experiencia previa «nos ayudó a tener una pauta de trabajo clara en el gabinete. El plan se ejecuta en dos fases: primero, la preparación previa a la carga de trabajo, planificando personal disponible, material necesario, y asegurando alojamiento y servicios disponibles. Después, una vez recibida la carga, organizamos rutas para que las visitas estén próximas entre sí, minimizando desplazamientos, algo que resultaba crítico en este caso, porque muchas zonas aún tenían calles cortadas por labores de limpieza y reparación debido a la gravedad de los daños y el despliegue más o menos rápido que tuvimos».

En su caso, fue el único miembro de su equipo en desplazarse, optando por alojarse en un pequeño apartamento en un pueblecito costero al norte de Valencia, fuera de la zona afectada. «Tenía una única habitación, pero me permitía disponer de cocina y lavadora, algo que, a la postre, resultó muy importante, dado el alto grado de polvo en suspensión o, incluso, barro aún sin limpiar, cuando accedíamos a cocheras y trasteros en plantas sótano. Estuve allí hospedado durante 3 semanas, realizando una media de 10 a 12 visitas diarias», comenta.

Eduardo Franqueza: «El caso de Valencia me caló muy hondo porque el nivel general de destrucción ocasionado no se parecía a nada de lo que había vivido antes»

Pero esos días no eran en absoluto normales. «Las mañanas eran para la mayoría de las visitas; comía algo rápido en el coche y seguía con alguna visita por la tarde, para luego poder regresar al apartamento, lo cual implicaba un pequeño viaje, pero el tiempo suficiente para desconectar y planear el resto de la tarde, con la entrega de previos, reservas y propuestas de anticipo. Los domingos, que normalmente no hacía visitas, los dedicaba a avanzar aquellos expedientes que no hubiese podido finalizar durante la semana, y toda la tarea de gestión de la agenda se hacía desde el despacho, dado que la carga era enorme y era imposible atenderla personalmente», relata Eduardo.

Desde el primer momento se esperaba lo peor

Esther Puchades, directora del gabinete Gravitas Expertise, vive en la ciudad de Valencia y explica que las sensaciones no fueron nada halagüeñas desde el principio, ya que «desde los primeros minutos se percibía que era una situación dramática y desesperanzadora». «Por la mañana, y a medio día, a través de la televisión y de las redes sociales, a pocos kilómetros de mi lugar de residencia se estaban produciendo daños de enorme gravedad», añade.

«A primera hora de la mañana de ese martes se registraron tornados que provocaron el vuelco de camiones en carretera, accidentes múltiples y naves industriales con fachada y cubierta arrancadas. Conforme avanzó el día, comenzaron las inundaciones y se hizo evidente que había personas que estaban teniendo que ser rescatadas. Todo ello se difundía en tiempo real, tanto por los medios de comunicación, como por los vídeos y mensajes que circulaban entre particulares a través de WhatsApp y redes sociales, generando una sensación de alarma e impotencia generalizada», explica.

A las 20:11 horas, apunta, «nuestros teléfonos móviles recibieron la alerta oficial, cuando por redes ya habíamos visto imágenes de puentes colapsados en Paiporta y Picanya, así como el desbordamiento del agua en numerosas calles, aunque desde nuestros domicilios no sabíamos la realidad, ya que, en la ciudad de Valencia, en ese momento no llovía, lo que aumentaba la incertidumbre sobre lo que podía ocurrir a continuación y generó una situación angustiosa».

Al día siguiente, continúa con su narración Esther Puchades, «se vivía una calma tensa en la ciudad, con recomendaciones explícitas de no desplazarse y, en la práctica, con la imposibilidad de salir de Valencia. A partir del miércoles por la mañana se nos comunicó que numerosas carreteras estaban cortadas, y por videos se veía que la zona metropolitana al sur de Valencia estaba inundada. Había imágenes tomadas desde helicópteros donde se veía alguna autovía colapsada -que resultó ser el bypass-. Se sospechaba que podía haber muchos muertos, lo que aún era más desgarrador. Vienen a la mente los compañeros que tienen el despacho por esa zona, o amistades que viven por allí».

Esther Puchades: «Desde los primeros minutos se percibía que era una situación dramática y desesperanzadora»

Desde el ámbito profesional, «los peritos empezamos a organizarnos para afrontar la avalancha de siniestros que se preveía para los días siguientes, siendo conscientes de que el volumen de trabajo y la magnitud de los daños iban a ser extraordinarios. Desde el miércoles, la entrada de encargos colapsó los despachos de la zona. Iba a ser un episodio mucho mayor que otras ocasiones.  En los gabinetes repartíamos los siniestros por localidades y calles, para gestionar los mínimos desplazamientos. También se gestionaron muchos sinestros por videoperitación».

Esther relata cómo su primera visita presencial a un siniestro se produjo el lunes siguiente, seis días después de la dana. «Al llegar al polígono industrial donde inicié las inspecciones, ya era consciente de que debía extremar las medidas de protección y el uso de EPI: botas de seguridad, guantes, mascarilla, mono e incluso casco», reconoce.

Y es que, en muchos casos, «el nivel de agua había alcanzado hasta tres metros de altura en el interior. Tanto en las calles, como dentro de las empresas, se acumulaba una capa de barro de entre 20 y 30 centímetros. Todo esto dificultaba enormemente la movilidad, las mediciones y cualquier verificación técnica. A ello se sumaba un altísimo nivel de humedad y la aparición progresiva de malos olores y procesos de putrefacción. Los peritos compartimos entre nosotros la documentación a pedir a los asegurados en el primer contacto, facilitando documento con forma de proceder, relación documental a presentar y forma de relacionar los bienes que tuvieran dañados».

Un desafío logístico extremo

Para José Llorente Ramos, director de Getpericial, gabinete que también intervino en las peritaciones, esta dana «puso a prueba algo más que nuestra capacidad técnica. Lo logístico se convirtió en un desafío constante. Llegar desde el otro extremo de la península ya era complicado, pero encontrarte sin coches de alquiler -literalmente ninguno-, obligaba a improvisar desde el primer día. Tuvimos que buscarlos en provincias cercanas a precios muy superiores a los habituales y, en algunos casos, incluso desplazamos vehículos desde Galicia, que permanecieron allí durante meses para que los distintos peritos que llegábamos en avión pudiéramos continuar el trabajo».

Pero no solo el desplazamiento fue una aventura, también encontrar alojamiento durante esos días. «El alojamiento fue otro golpe de realidad. Muchas familias no podían volver a sus casas, lo que redujo drásticamente la disponibilidad en la zona cero. Dormir cerca era prácticamente imposible, así que acabamos alojándonos en localidades más alejadas. Y cada mañana, los atascos interminables de los accesos a Valencia eran un recordatorio visual de la magnitud del desastre: miles de personas intentando recomponer su día a día», detalla el director de Getpericial.

José Llorente: «Lo logístico se convirtió en un desafío constante»

En su caso, tomó una decisión personal que, a su juicio, condicionó todo este proceso: desplazarse con su familia. «No quería estar entrando y saliendo de Galicia mientras la situación cambiaba por horas. Mi pareja podía teletrabajar y mi hijo aún no estaba escolarizado, lo que nos permitió establecer una base temporal en la zona. Fue intenso y removió muchas cosas, pero esa decisión me permitió centrarme en el trabajo sin romper por completo la vida personal en un momento tan delicado», comenta.

Maribel Sánchez es CEO de Maysán Peritaciones, S.L. y Perito de Autos. Señala que, desde que ocurrió la dana, su labor «ha abarcado una amplia variedad de situaciones, incluyendo inspecciones recientes para verificar el estado de vehículos afectados que aún no han sido correctamente gestionados por las aseguradoras o el Consorcio. Las primeras valoraciones presenciales presentaron desafíos significativos debido a la ausencia de infraestructuras habituales de comunicación y transporte, lo que dificultó el acceso a los puntos de inspección por el deterioro o desaparición de vías. El entorno se caracterizaba por calles intransitables, vehículos apilados tras el arrastre del agua, material diverso esparcido, mobiliario desechado de viviendas inundadas y una considerable concentración de personas dedicadas a tareas de limpieza».

Narra que la logística requirió, en su caso, «el desplazamiento en vehículo propio desde una distancia de 180 kilómetros, ya que la disponibilidad de alojamiento era limitada debido a la ocupación por personal técnico, voluntariado y población reubicada. Para optimizar recursos, decidimos llevar alimentos preparados y avituallamiento desde el domicilio, permitiendo así mayor continuidad en la actividad laboral y maximizar las horas de luz disponibles ante la carencia de electricidad en la zona y ante la escasez de locales de restauración en servicio que no se hubieran visto devastados».

La necesaria protección física del Perito

También señala las extremas condiciones de trabajo en la zona afectada, por lo que “la indumentaria y el equipamiento de protección personal (EPI) fueron prioritarios durante las primeras semanas de intervención, dada la presencia de barro, escombros y agentes contaminantes”. “Se emplearon monos impermeables, botas de goma, guantes protectores, mascarillas FFP2 y, en ocasiones, cascos de seguridad por riesgo de desprendimientos y exposición a ambientes insalubres y contaminados, especialmente en naves industriales afectadas por incendios posteriores a cortocircuitos provocados por la inundación”, añade.

Maribel Sánchez: «Las primeras valoraciones presenciales presentaron desafíos significativos debido a la ausencia de infraestructuras habituales de comunicación y transporte»

Maribel explica que «como gabinete externo e independiente, fue necesario proveer personalmente todo el equipo requerido para efectuar las inspecciones en condiciones adversas, muchas veces fuera de talleres y en espacios privados. Ello implicó portar herramientas específicas para acceder al interior de los vehículos, así como tableros deslizantes para revisar la parte inferior sin contacto directo con el suelo».

Finalmente, «la atención directa a los propietarios y las propietarias de los vehículos exigió mantener una actitud profesional y empática, ofreciendo apoyo frente al impacto emocional derivado de la catástrofe y escuchando empáticamente las experiencias vividas por cada persona afectada».

Pablo Margullón Perdiguerodirector de PMPeritaciones realizó las labores de peritación en la provincia de Castellón, «situación poco comentada en los medios de comunicación, pero que tuvo en algunos puntos gran afectación como en Capicorp o Alcossebre, por lo que no pude estar como otros compañeros en una o dos localidades. Decidí realizar mi actuación segmentando las visitas por zonas geográficas y alquilando un apartamento con cocina en un punto medio para poder facilitar el desplazamiento entre municipios».

Pablo Margullón: «Algunos vecinos o voluntarios que contaban con vehículos tipo SUV o 4×4, colaboraron con nosotros para facilitar el desplazamiento»

En su caso, hasta algunas semanas después de la dana no les solicitaron su colaboración profesional, por lo que pudieron tener suministros de manutención sin problema en tiendas y supermercados, que funcionaban ya entonces con normalidad en la zona de Castellón. En lo referente a los desplazamientos, «en las zonas más afectadas fue complicado el hecho de tener que caminar con el equipo pericial (casco, botas de agua con puntera reforzada, mascarillas, guantes, linternas…) entre lodo y restos del desbordamiento de varios ríos y barrancos para poder llegar a pie a zonas donde el coche no podía acceder, ya fuera, bien por el terreno, o por los cortes que habían realizado las autoridades. Para algunas de estas visitas, algunos vecinos o voluntarios que contaban con vehículos tipo SUV o 4×4, colaboraron con nosotros para facilitar el desplazamiento».

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