El número de motocicletas que circulan por nuestras vías experimenta desde hace unos años un crecimiento sostenido en España. La congestión urbana, el menor coste frente al automóvil y la rapidez de desplazamiento han impulsado un parque de vehículos de dos ruedas que ya representa el 12% del total nacional. Sin embargo, ese auge tiene una contrapartida preocupante: la elevada exposición al riesgo de los motoristas y el aumento de la gravedad de los siniestros.

Los últimos datos publicados por la Fundación Mutua Madrileña en su ‘Estudio de Siniestralidad Vial en Motocicletas’ y por la Dirección General de Tráfico (DGT), en su revista ‘Tráfico y Seguridad Vial’, vuelven a poner cifras a una realidad conocida por Peritos de Seguros, aseguradoras y expertos en reconstrucción de accidentes: el motorista continúa siendo uno de los usuarios más vulnerables de la vía.
De hecho, según las estadísticas, seis de cada diez accidentes con lesionados en los que se ve involucrada una moto son causados por otro vehículo. Así se recoge en el informe de la Fundación Mutua Madrileña, que analiza más de 100.000 siniestros ocurridos entre 2020 y 2024, de los cuales 40.000 registraron lesionados.
La principal conclusión es especialmente relevante desde la óptica pericial: en una parte mayoritaria de los accidentes, la responsabilidad inicial no recae sobre el motorista. Turismos, furgonetas y otros vehículos protagonizan maniobras incompatibles con la seguridad de las motos, particularmente cambios de carril, giros indebidos o invasiones de trayectoria.
Un usuario vulnerable frente a errores ajenos
La motocicleta carece de
estructura de absorción de impactos y cualquier colisión expone directamente al
conductor. Esa vulnerabilidad explica que, pese a representar apenas una octava
parte del parque móvil, los motoristas concentren más de una cuarta parte de
los fallecidos en carretera.
Seis de cada diez accidentes con lesionados en los que se ve involucrada una moto son causados por otro vehículo
Así, en 2024 fallecieron 441 motoristas en vías interurbanas españolas, según los datos recogidos por la DGT. La mayor parte de los accidentes mortales se produjeron en carreteras convencionales, un entorno donde confluyen velocidades elevadas, adelantamientos y márgenes de error muy reducidos.
Según Álvaro Gómez, director del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de la DGT, la siniestralidad de los motoristas es uno de los grandes desafíos de la seguridad vial en España. El responsable de la DGT identifica tres factores recurrentes: distracciones, velocidad inadecuada y alcohol.
Los datos publicados por el organismo público revelan que las distracciones estuvieron presentes en 1.040 siniestros interurbanos de motocicletas durante 2024, mientras que la velocidad inadecuada apareció en 843 accidentes y el alcohol en 240. Además, los accidentes relacionados con velocidad registraron una elevada mortalidad: más de un tercio registraron fallecidos.

El factor experiencia sigue siendo determinante
Por su parte, uno de los
aspectos más significativos del estudio de Fundación Mutua es la relación
directa entre experiencia y accidentalidad. Así, los conductores menores de 25
años presentan una probabilidad de accidente un 125% superior a la media del
colectivo motorista. Del mismo modo, la frecuencia de siniestros con lesionados
se reduce prácticamente a la mitad cuando el conductor supera los tres años de
antigüedad en el permiso.
La percepción del riesgo, la lectura de trayectorias y la gestión del equilibrio dinámico se adquieren con práctica continuada
El problema, además, no
afecta únicamente a conductores jóvenes. El informe detecta también un
incremento de la mortalidad entre mayores de 54 años asociado, tanto al
envejecimiento poblacional, como al regreso a la conducción de personas que
llevaban años alejadas de la moto.
Scooters urbanos y motos deportivas: riesgos distintos
El estudio de Fundación Mutua señala que los scooters son los vehículos de dos ruedas con mayor frecuencia de accidentes, superando en más de un 24% la media del conjunto de motocicletas. La explicación está vinculada a su utilización intensiva en entornos urbanos y metropolitanos, donde abundan las interacciones con turismos, peatones y maniobras imprevistas.
En cambio, las motos deportivas y de gran cilindrada presentan una casuística distinta, con accidentes más asociados al ocio, la conducción en carretera y las salidas de vía.
El análisis estadístico refleja, igualmente, diferencias temporales: el viernes concentra más accidentes de scooters, mientras que el domingo resulta especialmente conflictivo para motocicletas deportivas y de alta cilindrada. En ambos casos, las horas centrales del día registran la mayor siniestralidad.
Conductas de riesgo normalizadas
Uno de los elementos más llamativos de los datos de la DGT es la normalización de determinadas conductas de riesgo entre los propios motoristas. Según ello, el 75,2% reconoce superar los límites de velocidad “algunas veces” o “frecuentemente”. Además, el 65,9% admite circular entre vehículos de manera habitual o puntual. Especialmente relevante resulta otro dato: el 77,4% nunca ha realizado formación adicional tras obtener el permiso.
Este aspecto tiene implicaciones directas para la prevención y para el ámbito asegurador. La evolución tecnológica de las motocicletas (ABS, control de tracción, asistentes electrónicos o airbags personales) exige habilidades específicas que muchos usuarios nunca llegan a desarrollar mediante formación avanzada.

Infraestructura y protección: asignaturas pendientes
Los expertos coinciden en que la reducción de la siniestralidad motociclista requiere una estrategia múltiple. La DGT insiste en tres pilares: formación, tecnología e infraestructuras más seguras. En este último apartado, las barreras de protección adaptadas para motoristas, la mejora del firme y el diseño preventivo de carreteras continúan siendo reivindicaciones históricas del sector.
También gana protagonismo la protección individual. Los airbags para motociclistas, todavía minoritarios en España, comienzan a consolidarse como una herramienta eficaz para reducir lesiones torácicas y cervicales en caídas e impactos.
Desde la perspectiva pericial, además, los avances tecnológicos están modificando la propia reconstrucción de accidentes. Las ayudas electrónicas dejan registros de funcionamiento y permiten analizar con mayor precisión factores como frenadas, pérdida de adherencia o activación de sistemas de seguridad.
Una realidad compleja que exige responsabilidad compartida
La siniestralidad de motocicletas no puede interpretarse únicamente como un problema de conducta individual. Los estudios recientes muestran una combinación compleja de vulnerabilidad física, errores ajenos, infraestructuras imperfectas y hábitos de conducción de riesgo.
Para el sector asegurador y pericial, el fenómeno plantea, además, un desafío creciente. El incremento del parque motociclista, especialmente en grandes ciudades, anticipa un aumento de la exposición al riesgo y obliga a adaptar tanto los modelos de prevención como los criterios de análisis técnico de los siniestros.


