Si algo puede rescatarse, con toda la prudencia que exige una tragedia de esta magnitud, de la dana que golpeó el Levante español en octubre de 2024 es la respuesta coordinada del sector asegurador. Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), aseguradoras, mediadores, peritos… todos engranaron como un mecanismo preciso en medio del caos. Más de un año después de aquel gran siniestro, el CCS quiso detenerse, mirar atrás y analizar lo ocurrido en una jornada celebrada en la Semana del Seguro 2026.

La misma consistió en una mesa redonda en la que participaron Mirenchu del Valle, presidenta de UNESPA; Ignacio Machetti, presidente ejecutivo de Agroseguro; Javier Barberá, presidente del Consejo General de Mediadores; Francisco de la Puente, presidente de la Asociación de Peritos de Seguros y Comisarios de Averías (APCAS); y Celedonio Villamayor, director de operaciones del Consorcio de Compensación de Seguros. Todos ellos, moderados por Flavia Rodríguez-Ponga, directora general del Consorcio.
Rodríguez-Ponga abrió la sesión poniendo cifras a la magnitud del reto: 4.270 millones de euros en indemnizaciones ya abonadas y 251.000 expedientes tramitados. Para hacerse una idea del volumen, esa cantidad equivale a lo que el Consorcio paga habitualmente en 13 años, y el número de expedientes a los que gestiona en tres ejercicios completos. Son datos que, más allá de lo técnico, impresionan.
Villamayor amplió el alcance del impacto: más de 145.000 vehículos y 82.000 viviendas afectados. Para responder, fue necesario duplicar el número de peritos. Y aquí apareció uno de los elementos clave: el acuerdo con las aseguradoras, que aportaron sus propios peritos y tramitadores para acelerar las indemnizaciones. Sin esa colaboración, reconocieron, el ritmo habría sido muy distinto.
A lo largo de la jornada se repitió una idea con cierto orgullo compartido: la capacidad del sector para actuar como un bloque. Hubo coordinación, sí, pero también solidaridad y una voluntad clara de consenso. El objetivo era uno solo y muy concreto: que los afectados recibieran su indemnización cuanto antes, en un momento en el que cada día contaba.
A lo largo de la jornada se repitió una idea con cierto orgullo compartido: la capacidad del sector para actuar como un bloque
Además, los participantes coincidieron en que esta experiencia no debe quedarse en una excepción. Lo aprendido puede y debe traducirse en protocolos comunes y en un sistema más afinado para afrontar futuras catástrofes. Porque, aunque nadie quiera volver a vivir algo así, la realidad es que la prevención y la preparación son ya parte esencial del trabajo del Seguro.

La visión de los peritos de peguros
El presidente de APCAS, Francisco de la Puente puso el foco en algo que, dentro de la magnitud de la dana, merece subrayarse: la capacidad de coordinación que se logró entre el sector asegurador y el Consorcio. No fue algo improvisado. Había una base previa de entendimiento, especialmente a través del CEAPS, el centro de estudios desde el que se forma a los peritos de seguros en el funcionamiento de los siniestros extraordinarios del CCS, que no se gestionan igual que los siniestros ordinarios de las compañías. Esa diferencia técnica, que a veces pasa desapercibida, fue clave para que los profesionales supieran exactamente cómo actuar cuando la situación lo exigió.
Gracias a esa relación fluida, la disponibilidad de peritos de seguros fue alta desde el principio. Se consiguió incluso duplicar su número, y lo más importante, hacerlo con profesionales formados específicamente para este tipo de catástrofes. Además, la tecnología jugó un papel decisivo. La peritación a distancia no solo agilizó los procesos, sino que alivió la presión sobre el terreno. En un contexto de urgencia y volumen masivo de daños, poder evaluar sin necesidad de desplazamientos constantes marcó la diferencia.

Ir más allá
Desde APCAS, sin embargo, se pide ir más allá. Su presidente Francisco de la Puente insistió en que el Consorcio debería incrementar todavía más la disponibilidad estructural de peritos para futuras crisis. Porque si algo dejó claro la dana es que la respuesta tiene que ser rápida y robusta, y eso exige previsión.
Otro dato relevante es que solo el 75% de las viviendas están aseguradas. Esto implica que, en un siniestro extraordinario, solo se puede atender a quienes cuentan con cobertura. La reflexión es clara: hace falta una mayor cultura del Seguro. No solo como herramienta financiera, sino como mecanismo que acelera la recuperación tras una catástrofe. Y es que, cuando el respaldo existe, los tiempos cambian.
A juicio de Francisco de la Puente, si algo dejó claro la dana es que la respuesta tiene que ser rápida y robusta, y eso exige previsión
En el plano más humano y profesional, De la Puente insistió en que quienes trabajan en el ámbito asegurador forman parte de un servicio público. Esa conciencia permitió que, en muchos casos, se fuera más allá de lo estrictamente contractual. Un ejemplo fue la actuación de peritos de seguros vinculados a Agroseguro. Aunque su obligación se limitaba a determinados daños cubiertos, aprovecharon su presencia en el terreno para evaluar también otros desperfectos en explotaciones agrícolas, como casetas u otras instalaciones no cubiertas, ampliando su labor para facilitar soluciones a los afectados. Fue una manera de entender la profesión desde la responsabilidad social, no solo desde la póliza.
También defendió con firmeza la importancia de que exista un único organismo nacional como el Consorcio, en lugar de múltiples estructuras autonómicas. La coordinación estatal permite movilizar peritos de toda España y garantiza una independencia económica fundamental para afrontar catástrofes de gran escala. En el caso de la dana, las reservas fueron suficientes para un episodio puntual. Pero advierte que si estos fenómenos se repiten con frecuencia, la sostenibilidad podría verse comprometida. De ahí su apoyo a que el Consorcio crezca, refuerce su capacidad y continúe avanzando en formación y coordinación.



