Pepita Morell Blanco es comisaria de averías y Marine Surveyor. Desarrolla su actividad pericial en una pequeña empresa familiar con sede en Barcelona, Peritia Sinister, fundada junto a su hermano. Empezó en lo más básico de la Pericia siendo muy joven, apoyándose en la formación ofrecida por APCAS. Señala no haber tenido dificultades para ejercer la profesión por ser mujer y cree que el futuro de la profesión de comisario de averías pasa por un mayor reconocimiento por parte del sector.
Nació a finales del año 1959 en Barcelona, ciudad en la que siempre ha vivido. Su formación de basó, inicialmente, en la propia experiencia pericial. Explica que «mis estudios relacionados con la profesión fueron diversos cursos organizados por APCAS, efectuados cuando ya trabajaba en el sector». Además de ello, cuenta con una amplia formación a través de cursos adicionales y con la lectura y el estudio de libros técnicos sobre seguros, legislación, comercio, embalajes, estiba y otros relacionados mayoritariamente con transportes, sus modalidades y su marco normativo.
Entró en el mundo de la Pericia comenzando a trabajar en un gabinete pericial a los 16 años, «desde abajo». «Fui aprendiendo la profesión como ayudante de comisario de averías y, más adelante, cuando estuve preparada para ello, ejerciendo como comisario de averías y como perito de Diversos». Fue, a partir de ahí, cuando constituyó, junto a su hermano, su propio gabinete pericial. Afirma, orgullosa, que «esta profesión ha estado siempre presente en la familia, puesto que mi padre ya ejercía como tal y nos enseñó la profesión».
«Ejercer como comisario de averías ha sido apasionante. Es un trabajo en el que no hay dos siniestros iguales, aunque puedan parecerse»
El futuro de la profesión
En cuanto a los retos y dificultades a los que se ha enfrentado a lo largo de su trayectoria profesional, Pepita destaca que cuando empezó en la Pericia, «no era habitual encontrar una mujer ejerciendo esta profesión». No obstante, afirma que «no he tenido especiales dificultades para desarrollarla por ser mujer». Como anécdota, cuenta que «al principio de ejercer, fui a peritar a una fábrica en la que no me dejaban entrar porque la normativa del lugar no permitía el acceso a las mujeres. Finalmente, entré a realizar el peritaje, pero tuve que ir acompañada del director de la fábrica, que tenía que responder por mí».
«Es necesario un mayor reconocimiento de la profesión, así como una formación continua y específica por parte de los profesionales que la ejercen»
Respecto al futuro de la profesión, se muestra pesimista. Señala que «la profesión de Comisario de Averías la veo mal tal como yo la entiendo, entre otras cosas, por los bajos honorarios que pagan algunas aseguradoras a los profesionales que no permiten dedicar el tiempo que necesitan los siniestros para trabajarlos adecuadamente». Para avanzar, «es necesario un mayor reconocimiento de la profesión, así como una formación continua y específica por parte de los profesionales que la ejercen».
El crucial papel de APCAS
Y en este avance, Pepita destaca el importante papel que desarrolla APCAS. «Creo que ha dado visibilidad y reconocimiento a la profesión. También ha permitido el acceso a la formación de los profesionales que apuestan por prepararse para ejercerla con más conocimientos, así como para agrupar problemas comunes y tratar de solucionarlos», explica.
«Creo que APCAS ha dado visibilidad y reconocimiento a la profesión»
En cualquier caso, Pepita vive y adora la profesión. «Para mí, ejercer como comisario de averías ha sido apasionante», señala. «Es un trabajo en el que no hay dos siniestros iguales, aunque puedan parecerse. Es un reto, porque tienes que investigar sobre los productos afectados y sobre las circunstancias que han concurrido en el desarrollo del siniestro para poder emitir el informe pericial razonado, eficaz y resolutivo», concluye.




