
El sector del vehículo clásico e histórico va a crecer. No es una moda. Es un cambio estructural en el parque móvil clásico en España. Y la pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿estamos preparados para gestionarlo bien?
Hoy, la respuesta es no.
Existe una falta clara de conocimiento sobre el mundo del vehículo clásico. Es un sector de nicho, con reglas propias. Aun así, se siguen realizando los encargos a peritos de “siniestros convencionales”, formados para valorar coches de uso diario, como si un Seat Ibiza de 2015 y un Mercedes Pagoda de los sesenta funcionaran igual. No lo hacen.
Las aseguradoras, salvo contadas excepciones, tampoco están preparadas. Algunas lanzan productos “para clásicos” sin una base técnica sólida que los respalde. La intención es buena, pero a medio plazo esos productos se convierten en un problema. Aparecen conflictos, reclamaciones y frustración. Y el sistema se tensa.
«El sector del vehículo clásico e histórico va a crecer. No es una moda. Es un cambio estructural en el parque móvil clásico en España. Y la pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿estamos preparados para gestionarlo bien?»
En cuanto a los talleres, parece mentira que haya que recordar que reparar un vehículo clásico no tiene nada que ver con reparar un coche moderno. No hay tarifarios estándar. Muchas veces no existen catálogos oficiales de recambios. Los tiempos de reparación no siguen patrones fijos. Cada intervención es una incógnita, una caja de sorpresas, en las que, tras detectar el daño en una pieza, pueden aparecer otros. Es lo normal en vehículos con más de 30 años de historia y trayectorias mecánicas complejas.

Luego está el gran tabú: el valor. En el mundo del clásico, dos coches iguales sobre el papel pueden valer cifras muy distintas. Influyen factores complicados de automatizar en bases de datos: estado real, kilómetros auténticos, si está restaurado o conservado, si mantiene pintura original, si la mecánica es la de origen, si es matching numbers (el chasis, el motor y el cambio son los originales). Todo eso cambia el valor. Y mucho. A veces, un coche restaurado vale menos que uno imperfecto, pero original. Esta lógica no encaja en los esquemas tradicionales de peritación.
Sin protocolos claros, sin temparios específicos y sin precios de referencia para piezas, cada profesional actúa como puede. A veces con experiencia. A veces con intuición. Demasiadas veces improvisando. No hay sistema. Hay parches.
«A veces, un coche restaurado vale menos que uno imperfecto, pero original. Esta lógica no encaja en los esquemas tradicionales de peritación»
Los talleres especializados son otro punto de fricción. Trabajan con estándares muy altos, procesos artesanales y tiempos que no se pueden comprimir. Aquí choca de frente el modelo de las aseguradoras. Los tiempos no cuadran. Los costes no encajan. Las dinámicas son incompatibles. Por eso muchos de estos talleres no trabajan con seguros. Cobran al propietario, y es él quien luego intenta recuperar el dinero. Un circuito absurdo que genera desgaste, desconfianza y conflicto.
Todo esto ocurre en un momento clave. Con la entrada en vigor del nuevo Real Decreto de vehículos históricos, el escenario ha cambiado por completo. Hoy, un vehículo de más de 30 años en buen estado puede catalogarse como histórico por 20,81 euros, de forma telemática, a través de la DGT. Antes, el proceso requería proyectos técnicos, laboratorios, ITV específicas y costes cercanos a los 1.000 euros. Ese filtro económico ha desaparecido.
El resultado es claro: la catalogación de vehículos históricos se ha disparado.
Y el sistema que debe protegerlos sigue sin estar preparado.



