«El riesgo cero no existe, aunque nos acercamos a él con el conocimiento experto. Cuando decimos que algo es seguro, estamos refiriéndonos a un nivel adecuado o aceptable de riesgo», afirmaba Gerardo Rodríguez, ingeniero industrial y director ejecutivo de IST (Investigation Service Technologies) en el transcurso de la jornada formativa dirigida a Peritos de Seguros de Incendios y Riesgos Diversos (IRD) previa a la Asamblea de APCAS 2025.
Durante la sesión, abordó la importancia de contar con un Sistema de Gestión de Seguridad, una herramienta esencial para garantizar la protección de las instalaciones. Este sistema no solo busca cumplir con la normativa legal, sino que integra aspectos clave como el diseño y la ingeniería segura, el control del proceso, los procedimientos de mantenimiento, la gestión de cambios («es vital documentar todos los cambios»), la inspección y prueba de equipos, así como la formación del personal y la comunicación interna.
«La protección es el camino hacia la seguridad», explicó Rodríguez, recordando que este proceso se desarrolla en dos fases: prevención -orientada a eliminar o reducir los riesgos- y mitigación, que consiste en la respuesta ante un incidente una vez producido.
Tras la introducción sobre ingeniería forense de riesgos y consultoría especializada en seguridad y medioambiente -«dos pilares que se retroalimentan»-, tomó la palabra Amando Peydró, ingeniero industrial y director de la División de Maquinaria de IST, centrándose en los riesgos específicos de las plantas de energía eólica y solar fotovoltaica.
Siniestros más frecuentes en energías renovables
El ingeniero explicó el funcionamiento de los aerogeneradores -en especial los de palas y eje horizontal, los más comunes- y detalló los tipos de siniestros que pueden afectar a sus distintos componentes. Subrayó la relevancia del mantenimiento periódico: «Por lo general, una turbina moderna está diseñada para funcionar unos 20 años, aunque dependiendo de los factores ambientales y de un mantenimiento correcto dos o tres veces al año, esta vida útil puede prolongarse hasta 25 años e incluso más».

Entre los siniestros más habituales, el experto citó los fallos internos de equipos y componentes, los accidentes externos -como problemas en la red de evacuación, robos, vandalismo o incendios cercanos- y los daños provocados por condiciones meteorológicas adversas.
Ráfagas de viento extremas pueden superar la resistencia de la turbina y dañar palas, rotores o incluso la torre. Los rayos y fallos eléctricos pueden provocar roturas o incendios, mientras que la formación de hielo altera la aerodinámica, reduciendo la eficiencia y generando daños mecánicos. Además, en zonas costeras o con riesgo de inundaciones, los componentes eléctricos y cimentaciones pueden verse gravemente afectados.

Pequeños detalles, grandes consecuencias
«A veces, los siniestros más importantes pueden generarse por pequeños detalles», reconoció Peydró. En caso de avería grave, advirtió que «los plazos de entrega de los fabricantes de transformadores de gran tamaño pueden ser de varios meses», con la consiguiente pérdida económica. Como alternativa, se pueden realizar reparaciones provisionales, «aunque ahí podríamos encontrarnos con un problema con la garantía».
Según explicó, la mayoría de los siniestros tienen su origen en deficiencias de mantenimiento, mientras que los incendios de transformadores, aunque poco frecuentes, implican costes muy elevados y pérdidas significativas de beneficios.
En el caso de las plantas solares fotovoltaicas, los siniestros más habituales tienen que ver con incendios en inversores y en placas solares derivados del fallo interno de los equipos y los componentes. En el caso de los siniestros de componente externo, apuntó a los problemas por robos, vandalismo e incendios exteriores. Y, finalmente, en referencia a los siniestros por condiciones meteorológicas adversas, se refirió especialmente al viento, al granizo, las tormentas con aparato eléctrico y la nieve.

IST
IST (Investigation Service Technologies) es una empresa del Grupo RTS focalizada tanto en la investigación de siniestros y averías, con el objetivo de determinar sus causas y consecuencias, como en la consultoría especializada sobre riesgos de seguridad y medioambiente. Fundada en 1995, tiene 17 oficinas distribuidas en 9 países (España, Portugal, EE. UU., México, Colombia, Brasil, Perú, Argentina y Chile).




